Planta empleada tradicionalmente para el mantenimiento de las defensas y para el bienestar respiratorio.

La equinácea, y por el que es más conocida, es para reducir los síntomas del resfriado común. Esto se debe a las dos principales propiedades de esta planta, esto es, su capacidad para reforzar y potenciar el sistema inmunitario. Está demostrado que la equinácea contribuye a disminuir la fiebre, la mucosidad y la tos asociadas no sólo al resfriado sino también a otras enfermedades del sistema respiratorio, facilitando y acelerando con ello el proceso de recuperación. Pero no sólo se emplea para las enfermedades del aparato respiratorio (sinusitis, bronquitis, faringitis…), sino que también tiene otra serie de aplicaciones (en su mayoría relacionadas con los procesos infecciosos, ya que actúa como bloqueador de la acción de virus y bacterias), como son: Infecciones vaginales, genitales o sífilis. De hecho, esta última enfermedad fue una de las primeras aplicaciones médicas de la equinácea. Dolores de garganta e inflamación de amígdalas, malaria, difteria, enfermedades del aparato circulatorio, como el reumatismo o la septicemia, infecciones de oído, migrañas, infecciones de encías (gingivitis, periodontitis…), oirzuelos, indigestión e infecciones del tracto urinario.